Juan volvió de su primer clase guitarra. Ahora estudia escalas, en la guitarra que le compré para nuestro aniversario número 9. Mientras lo miro recuerdo que cuando nos conocimos tocaba el violín.
La gran diferencia, sin embargo, no es ésa. Sentada de modo artificial -es decir: apoyada en unos almohadones, pero luciendo como un adulto en miniatura- está Amanda Minujin. Lo mira y bosteza. Tiene una expresión interesante: parece comprender que aún no es bueno en esto de las cuerdas, y lo escucha con paciencia. Como si anticipara y agradeciera todas las veces en que nosotros la observaremos aprender cosas a lo largo de la vida. No es necesario, hija ; los agradecidos somos nosotros.
Thursday, May 04, 2006
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